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Amigdalitis Estreptocócica

El invierno es la estación de la amigdalitis. Los síntomas pueden ser fiebre (alta o baja), dolor de garganta, dificultad para tragar, inflamación y enrojecimiento de las amígdalas, dolor de cabeza, una sensación general de cansancio y dolor de estómago. A veces también sale una erupción rojiza y áspera en la cara y en el torso; en ese caso a la enfermedad se le llama escarlatina (no es lo mismo que la fiebre reumática, que es una complicación de la amigdalitis). La escarlatina ocurre cuando la cepa de estreptococo produce una toxina que causa la erupción [Ver: Escarlatina].

La amigdalitis les da generalmente a los niños mayores de cinco años, pero los más jóvenes no son imnunes. En los lactantes normalmente el único síntoma es fiebre y por eso suele confundirse con el gripe. La infección de estreptococo se confima en unos minutos mediante una prueba rápida y fiable, lo cual es muy útil pues no todo lo que parece amigdalitis lo es. Hay diversos virus que dan síntomas parecidos, entre ellos el de la mononucleosis común, que no requiere tratarse con antibiotica [Ver: Mononucleosis].

La amigdalitis a menudo pasa inadvertida, lo cual significa que mucha gente anda por ahí con picazón en la garganta y no saben que la tienen. Aunque no tengan ningún síntoma, es una enfermedad es contagiosa, y esa es una de las razones por las que es tan común. En esos casos sin complicaciones casi siempre se cura sola.

Tratamiento
Cuando el médico confirma que se trata de amigdalitis, receta un antibiótico oral, no solo para aliviar los principales síntomas, sino para evitar posibles complicaciones. Una de ellas es la fiebre reumática, que se presenta cuando la bacteria de estreptococo se aloja en el corazón y produce una toxina que afecta las válvulas. Es una enfermedad extremadamente rara en Estados Unidos, pero más común en los países en vías de desarrollo y les da principalmente a los niños de cinco a diez años. Los niños de meses rara vez sufren esta complicación y los de uno a tres años casi nunca. Por esa razón el tratamiento de la amigdalitis no es imprescindible antes de los cinco años. A partir de cinco años, se tratan todos los casos confirmados. La amigdalitis también puede causar problemas de los riñones.

El tratamiento es sencillamente penicilina. No hay necesidad de tratarla con antibióticos nuevos ni más complejos, ya que es una de las bacterias que no ha desarrollado resistencia a los antibióticos. Tampoco es urgente tratarla si el niño no tiene mucho malestar; el tratamiento temprano pudiera impedir que actúen las defensas naturales del cuerpo y eso facilitar nuevas infecciones.

PREGUNTAS DE PADRES DE VERDAD
¿Cuándo mi niño puede volver a la escuela?
Al día siguiente de empezar a tomar el antibiótico, si se siente mejor. De todas formas, lo más probable es que la mitad de los niños de su grupo la tengan a esas alturas, pues es extremadamente contagiosa.

¿Por qué a mi hijo le da amigdalitis a menudo? Tal parece que en el invierno le da todos los meses.
Algunos niños son propensos a la amigdalitis, particularmente los que tienen las amígdalas agrandadas. Si le da más de cinco veces al año, tal vez debería operarlo, hable de eso con su pediatra.

Mi hijo acaba de tener amigdalitis y parece que está enfermo otra vez. ¿Por qué será?
Es algo común y no tiene nada que ver con su sistema inmunológico ni con que le hayan mandado el tratamiento equivocado. A los niños les dan recaídas porque cuando hay un brote, están expuestos constantemente a otros niños enfermos. Son vulnerables otra vez desde que terminan el tratamiento. A veces necesitan tomar antibióticos varias veces seguidas hasta que pasa el brote.

¿Por qué la prueba dio positiva si mi hija no está enferma?
Si le ha dado amigdalitis varias veces y la prueba le sigue dando positiva aunque no tenga síntomas, pudiera ser portadora, lo cual significa que tiene el estreptococo alojado en las amígdalas, aunque no se manifieste ningún síntoma. Lo bueno es que los portadores de estreptococo no son contagiosos, no corren un mayor riesgo de contraer fiebre ni son más propensos a la enfermedad que los demás niños. Si se determina que su hija es portadora, no necesita más tratamiento, a menos que se presenten nuevos síntomas. A la larga sus defensas naturales expulsarán la bacteria de la garganta.