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Pegar

Observe a dos gatitos jugar. Se pegan y se muerden ¿y qué hace la madre al respecto? Absolutamente nada. ¿Sabe por qué? Porque pegar y morder son parte del comportamiento normal de los gatos jóvenes y los niños son iguales. Son agresivos por naturaleza, al menos hasta cierto punto, y tratar de reprimir todo comportamiento agresivo y programarlos para que sean delicados y dóciles podría resultar contraproducente. ¿Por qué? Bueno, porque la atención, sea positiva o negativa, refuerza el comportamiento, sobre todo cuando el niño está pasando por una fase en que les pega a las personas que tiene cerca, sea la mamá, la hermanita pequeña u otra.

Desde el punto de vista práctico, le aconsejo tratar la manía de pegar igual que cualquier otro mal comportamiento. Si se trata solo de una palmadita, déjelo pasar. Si da un golpe duro, trátelo como un problema de disciplina. En vez de darle al niño una larga perorata sobre el respeto, dígale: “no le des a tu hermana” y póngalo en la cuna unos minutos. Deje que desahogue su frustración allí, llorando, pegándole a algo o haciendo lo que se le ocurra. Al cabo de unos minutos, sáquelo de la cuna y póngalo en el suelo solo, sin darle ninguna muestra de afecto ni regañarlo. No espere que se disculpe. Jimmy no se arrepiente de lo que hace y no es porque sea malo sino porque no lo hace con mala intención.

La costumbre de pegar de vez en cuando debería quitarse a eso de los tres años. Si no se le pasa, repase nuestra sección sobre disciplina.