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Cólico del lactante

El cólico del lactante es un término general empleado para referirse a un trastorno característico de algunos niños de meses que lloran más de lo normal. Que yo sepa, el cólico del lactante no existe o no es una enfermedad como tal. En primer lugar, no se ha determinado cuánto llanto es normal y en segundo, parte de ese llanto excesivo es como consecuencia de la obsesión por calmarlo. A continuación me explico.

Las malas noticias

Quien sea que le dijo que los recién nacidos son criaturas felices, la engañó. La realidad es que Lucy está enojadísima. ¿Usted no lo estaría también? Ella estaba muy cómoda en la barriga, sin molestar a nadie, no hacía mucho calor ni mucho frío, no tenía hambre, no había luz ni ruido: era un mundo ideal. A lo mejor el cambio no es muy evidente las primeras semanas, cuando Lucy todavía está aletargada, durmiendo o dormitando la mayoría del tiempo para no tener que lidiar con el mundo exterior. No se alegre demasiado pronto.

La fase de somnolencia pasa y le sigue la fase de adaptación, cuando Lucy se despierta en el nuevo mundo y se da cuenta de que no necesariamente le gusta lo que ve. La luz, el ruido, el tacto, el hambre, todos esos estímulos le resultan abrumadores. Y eso sin contar la intervención de otros factores: la mecen, la mueven, la observan, la tocan y le cambian constantemente el pañal. Durante la fase de adaptación aprende a lidiar con la avalancha de información, pero la abundancia excesiva de nuevas sensaciones (algunas desagradables) pueden molestarle y hacerla llorar. Cuando llora, el instinto de madre le dice que debe atender a sus necesidades. A veces se trata de una necesidad, pero otras veces no.

Veamos un ejemplo sencillo: Lucy tiene hambre. Le da el pecho o el biberón y enseguida mejora la situación. Eso es fácil. Imagínese un caso no tan sencillo, cuando usted piensa que ella tiene hambre, pero se da cuenta de que no es así porque rechaza el pecho. ¿Entonces querrá que le den cariño? La mece y se calma. Nuevamente, el problema se resolvió.

Ahora imagínese una situación un poco más complicada: la niña llora desconsoladamente a las tres de la mañana. Usted sabe que no tiene hambre porque agarra el pecho apenas un segundo y empieza a patearla y a ponerse roja. Hace lo mismo cuando la mece y le canta. ¿Qué le pasará? Usted acaba de descubrir lo que toda madre o padre primerizo ha descubierto desde tiempos inmemoriales: que de vez en cuando los niños lloran, no porque tengan hambre o necesiten afecto, sino porque necesitan llorar y nada más. Relacionamos su horrible llanto con algún dolor o sufrimiento e inmediatamente tratamos de pararlo por instinto; sin embargo, no siempre es la mejor solución. El llanto de un recién nacido puede ser tanto una señal de malestar como una manera de liberar tensión y desahogarse.

QUÉ HACER

Cuando haya agotado todos los recursos para calmar a Lucy, déjela que llore en el moisés, abrigadita y con una luz tenue [Ver: Dormir].

A los diez minutos, puede tratar otra vez de calmarla.

Si sigue llorando frenéticamente, póngala de nuevo en el moisés. Tarde o temprano se quedará dormida o se calmará un poco. Prepárese mentalmente para esos accesos de llanto dos o tres veces al día.

QUÉ NO DEBE HACER

Cuando se convenza de que Lucy no tiene hambre, no trate de darle el pecho ni el biberón. Puede que lo acepte, pero va a estar más llena de la cuenta y eso le va a dar más malestar y la hará llorar más.

Saltarla o mecerla continuamente puede que la calme un tiempo, pero también va a empeorar el problema.

A lo mejor dejarla que llore y se duerma sola le parece duro, pero cuando usted comprenda que siempre no va a poder calmarla, la vida será más fácil para todo el mundo. Si se ve en ese círculo vicioso de dar demasiado el pecho y sobreexcitar al bebé, podría terminar en lo que se conoce como “cólico del lactante”, una situación en que el niño nunca tiene la oportunidad de llorar para desahogar su frustración y entonces lo que hace es llorar constantemente.

Preguntas de padres de verdad
¿Cuánto tiempo debo dejar llorar a mi hija?
Usted es el factor limitante, no ella. Lo ideal es que se duerma después de llorar porque la próxima vez sabrá que es capaz de calmarse sola. Tengo tres hijos y sé lo doloroso que es eso para los padres. Con los dos primeros a veces me pasaba la noche en vela, cantándoles y paseándolos por toda la casa, y era en vano. Así aprendí la lección.

¿Por qué mi hijo llora tan vigorosamente?
Solo tiene una manera de llorar: inhala, se enrojece y emite un chillido ensordecedor, mientras se agita y se revuelca. Es un espectáculo intenso, sobre todo si es su hijo, pero la realidad es que así lloran la mayoría de los recién nacidos.

¿Cree que tiene dolor de barriga?
Cuando su hijo llora, usted lo mira y lo que más le llama la atención es su barriga inflada. Cuando el niño llora, contrae los músculos abdominales, lo cual le hace levantar las piernas hacia la barriga, dando la impresión de que tiene dolor de barriga. Ese es el origen del término “cólico del lactante”.

¿Tendrá gases?
Eso empeora la creencia del dolor de barriga. Todas las personas producen gases intestinales, incluso su bebé. Durante un ataque de llanto, levanta las piernas hacia la barriga y la presión resultante hace liberar gases. Puede que después de la explosión deje de llorar un momento debido a la sensación agradable o a la sorpresa que le causó. Aunque usted piense que está llorando porque tiene gases, la realidad es lo contrario, o sea, llorar le hace liberar gases. No sucumba a la tentación de ayudar a Lucy a liberar los gases dándole masaje en la barriga, moviéndole las piernas ni dándole golpes demasiado duros en la espalda. Eso lo único que hará es molestarla más [Ver: Gases].

¿Por qué mi niña está más majadera cuando llega la noche?
Usted trata de dormir unas horas de noche y, por lo tanto, pasa menos tiempo con ella. Eso se suma a que los estímulos de todo el día se acumulan y a veces sobreexcitan al niño, dando como resultado “la hora del berriche”, ese momento en que Lucy quiere recibir atención y usted no se la puede dar. Generalmente empieza al atardecer y puede durar hasta entrada la noche, si usted la estimula aún más o sigue dándole el pecho o el biberón [Ver: Hora del berrinche].

¿Es cierto que en realidad no se puede malcriar a un recién nacido?
No se podrá malcriar a un recién nacido, pero sí puede afectarse su vida o su matrimonio. He visto a muchos padres desesperarse tratando de cumplir la norma de que siempre hay que calmar al bebé. No importa lo amorosos que sean los padres, no siempre podrán consolar a sus hijos.

¿Se le puede dar alguna medicina o infusión?
Algo con sabor dulce puede que los haga parar de llorar un momento y por eso den la impresión de eficacia; pero enseguida empiezan a llorar otra vez y los padres se frustran más aún.

¿Podría ser reflujo gástrico?
He visto que a muchos niños les ponen tratamientos innecesarios para el reflujo gástrico. Por si no se ha dado cuenta, todos los bebés echan buches de leche. El verdadero reflujo es raro en los niños y es cuando no toleran ningún alimento y lo vomitan. No suelen llorar más que los demás niños de meses, a menos que tengan hambre porque vomitan demasiado [Ver: Reflujo gástrico].

¿Podría ser algo que estoy comiendo?
He visto a madres lactantes que viven a base de arroz blanco por miedo a que cualquier otro alimento sea demasiado fuerte para el estómago de su bebé. Eso de que la dieta de la madre tenga algo que ver con el llanto del bebé es puro cuento. Ya que su bebé sin duda va a llorar, coma lo que le guste [Ver: Lactancia ].

¿Será la fórmula?
Tampoco. El tipo de fórmula no tiene nada que ver con el llanto. Se volverá loca probando con todas las marcas del supermercado y terminará más desanimada aún. La alergia o intolerancia a la fórmula es muy rara y los síntomas son distintos: vómito, sangre en las heces y el niño casi no aumenta de peso [Ver: :Fórmula].

Y ahora… las buenas noticias
Los ataques de llanto pasan. A los dos o tres meses, y casi repentinamente, Lucy entiende de repente cuál es su situación. Ya se ha aclimatado al nuevo ambiente, sonríe, ríe y se convierte en la bebé contenta que usted deseaba que fuera. Pasó la fase de adaptación y con ella, el susodicho cólico. A veces los niños más temperamentales después resultan ser los más dulces porque lloraron todo lo que necesitaban y ahora no se molestan tanto cuando se ven ante los pequeños obstáculos inevitables de la vida.