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Hora Del Berrinche

Todas las noches a las siete en punto Lucy da la misma tángana. Al principio usted piensa que tiene hambre, le da su toma de leche y en vez calmarse, chilla más todavía. Entonces piensa que a lo mejor quiere que la abracen y la mece suavemente. Se calma un poco, pero empieza a berrear de nuevo. Vuelve a darle el pecho o el biberón y esta vez vomita y se le pone la cara roja como un tomate. La vuelve a mecer y en eso le dan las doce campanadas.

Lamentablemente la hora del berrinche no es solo una hora sino varias. ¿Por qué sucede? Porque al final del día su princesita libera las tensiones causadas por el exceso de estímulos.

Ese ciclo por lo general comienza a las dos semanas de nacidos. Lucy parecía un angelito; pero en realidad lo que pasaba es que estaba recuperándose del trauma del nacimiento durmiendo casi todo el día y la noche. Cuando pasa ese trance y empieza a ver el mundo a su alrededor, recibe muchos más estímulos que en la barriga; es demasiado para ella y al final del día se lo hace saber. El problema surge cuando usted piensa automáticamente que ella tiene hambre y le da el pecho o el biberón. Aunque se lo tome con aparente gusto, no tiene hambre y el exceso le hincha la pancita, causándole un malestar mayor aún. Entonces usted la mece porque piensa que necesita cariño y eso es también un estímulo. El ciclo continúa hasta bien entrada la noche, cuando todo el mundo cae rendido de cansancio.

Ya que la causa principal es el exceso de estímulos, debe tratar de disminuirlos. Si comprueba que no tiene hambre y que no necesita cariño en ese momento, la única manera de romper el ciclo es dejarla llorar cinco o diez minutos. Si se duerme, usted ganó la batalla. Si no se duerme, déjela llorar mientras la abraza. Si se calma, perfecto. Si no, quiere decir que no ha desahogado toda su frustración. Déjela llorar otros cinco o diez minutos. Tarde o temprano se calmará y se dormirá y a lo mejor sueña con los viejos tiempos en su barliga [Ver: Cólico del lactante].

Si es inteligente a la hora del berrinche, puede que dure menos de una hora y que deje de ocurrir a los dos o tres meses, cuando Lucy se aclimate a su nuevo ambiente y vuelva a ser su angelical princesita.