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Autismo

El autismo es una enfermedad rara y de la cual se sabe poco. Los niños que la padecen, que son sobre todo varones, están desconectados de los demás en gran medida. Se hace evidente cuando un niño todavía no habla a los dos años. Aunque hay niños perfectamente normales que se demoran para aprender a hablar, los niños autistas tienen una falta característica de receptividad al lenguaje y solo miran a los ojos de manera furtiva. Siempre parecen estar ensimismados, no les gusta que los abracen y a veces tienen un comportamiento repetitivo que los autoestimula, por ejemplo, dar vueltas. Individuos con ASD (Desorden del Espectro Autista) muestran falta en comunicación social, interacción social, también exposición restrictivo y patrones repetitivos de comportamiento que perjudican función general.

Algunos niños autísticos poseen habilidades excepcionales en áreas específicas, como la música. Por otra parte, el síndrome de Asperger se caracteriza por que a un niño extremadamente inteligente le es difícil comunicarse con los demás. Existe la polémica de si el Asperger realmente se trata de un trastorno y si debe clasificarse como autismo. Por último, algunos niños muestran algunas características del autismo hasta un determinado grado, pero no son completamente autistas. A eso se le llama “trastorno generalizado del desarrollo”. Los neurólogos creen que el autismo consiste en el mal funcionamiento de una parte específica del cerebro, que ocurre en las personas con predisposición genética. Se ha estudiado la posible relación entre el autismo y la exposición del feto a sustancias peligrosas, aunque hasta el momento nadie ha podido establecer una relación definitiva. En las últimas décadas se han incrementado los casos de autismo, pero eso puede ser debido a una mejoría en el diagnóstico y no al incremento real del número de casos, ya que los casos de retraso mental no específico han disminuido en el mismo período. Estudios han demostrado que el aumento de prevalencia es más un resultado de conocimiento realzado.

Tristemente, el autismo no es prevenible y no se sabe si el diagnóstico y tratamiento tempranos influyen en el resultado. El tratamiento es paliativo; se basa en la modificación del comportamiento y tiene como fin ayudar al niño a adquirir cierta capacidad para el lenguaje. A pesar de que no hay una sola cura conocida para el autismo, ha sido notado que un diagnóstico y tratamiento precoz puede potencialmente mejorar el comportamiento general, habilidad funcional y comunicación.

Hace unos años, debido a un estudio mal realizado, se sugirió la posibilidad de una relación entre el autismo y la vacuna del sarampión, la papera y la rubeola (MMR por sus siglas en inglés). Desde entonces se han hecho varios estudios que demuestran de forma concluyente que dicha vacuna no causa el autismo; sin embargo, a estos la prensa les ha dado menos publicidad. También se ha culpado al timerosal, un conservante con base de mercurio que se usaba en las vacunas, aunque nunca se ha demostrado científicamente tal relación. Como consecuencia de eso, muchos padres temen ponerles a sus hijos la vacuna del sarampión, la papera y la rubeola, a pesar de que los beneficios superan con creces el pequeño riesgo no confirmado de autismo. El estudio original relacionando al Desorden del Espectro Autista y MMR fue retractado 12 años después debido a fraude.