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Infecciones de oído

Si le mirara el oído a Jimmy con un otoscopio, vería la membrana timpánica, o tímpano, al fondo del canal auditivo. El tímpano sella el oído medio y transmite el sonido al cerebro. Detrás del tímpano está la cavidad timpánica. Esta se conecta con la garganta por medio de la trompa de Eustaquio, la cual controla la presión en el oído medio. La trompa de Eustaquio también constituye una vía cómoda para el paso de los microbios de la garganta al oído medio, donde causan infecciones.

A todos los niños les da infección de oído por lo menos una vez y a algunos les da varias veces. Es raro que les dé antes de los seis meses; generalmente afecta a los niños mayores de un año y la frecuencia disminuye a medida que crecen. Casi siempre se presenta después de un catarro o gripe porque estos crean un ambiente propicio para los microbios. La infección de oído no es contagiosa, aunque el catarro o gripe que la provoca sí lo es.

El malestar es debido a la presión que produce la infección en el oído medio. La intensidad del dolor varía: algunas veces la infección da sin ningún dolor y otras, con un dolor muy fuerte. El dolor es mayor las primeras 24 horas y raramente dura más de un par de días; pero la sensación de tener el oído tapado o un zumbido puede durar hasta una semana después de curarse la infección.

La infección de oído a veces da fiebre, hasta de 104°F a los niños de meses. Al igual que otras enfermedades que dan fiebre, puede provocar convulsiones febriles en los niños propensos a ellas [Ver: Convulsiones febriles]. Además, puede presentarse un cuadro de vómito, diarrea y falta de apetito en distintos grados de intensidad.

La complicación más común de la infección de oído es la pérdida temporal de la audición. Después de una infección de oído, a lo mejor Jimmy le pide más que de costumbre que repita lo que ha dicho, hasta que se seque el líquido que queda en el oído medio y recupere por completo la audición.

En casos muy raros se presentan complicaciones graves, debido a que la infección se propaga a los huesos más próximos o al cerebro. Las síntomas de esa afección son fiebre muy alta y difícil de bajar y el niño se ve muy enfermo.

Tratamiento
Érase una vez cuando los médicos pensaban que la única manera de aliviar los síntomas de la infección de oído y evitar las complicaciones era tomar antibióticos. Ya que la infección de oído es tan común en los niños, el uso de antibióticos para ese propósito ha contribuido en gran medida a la resistencia a los mismos. No obstante, los estudios han demostrado que lo mismo si la causa es viral que bacteriana, la mayoría de las infecciones de oído se curan sin necesidad de tomar antibiótico y sin complicaciones.

Hoy en día es más común, si el niño es mayor de seis meses, recetarle acetaminofeno o ibuprofeno para aliviarle el dolor y estar atento a las señales de una infección más grave. Los calmantes son un remedio mágico porque hacen efecto rápidamente: Jimmy enseguida pasa de llorar a cantar. Se puede dar la dosis máxima recomendada para la edad y repetirla según sea necesario (el acetaminofeno cada cuatro horas y el ibuprofeno cada seis).

Si la infección no se cura sola en un par de días, o sea, si el niño sigue teniendo fiebre y dolor, entonces es necesario darle antibiótico. Cuando se hace tratamiento en esta fase, la infección se cura rápidamente, aunque es difícil saber si es por el antibiótico o por una reacción retardada del sistema inmunológico. “A los niños de menos de seis meses siempre les recetamos un antibiótico para la infección de oído por miedo a las complicaciones”.

Es mucho más lógico dejar que la enfermedad tome su curso y tratar solo las infecciones que no se curen por sí mismas, en vez de todas. Eso protege al niño de los posibles efectos secundarios de los medicamentos y contribuye a mantener baja su resistencia a los antibióticos. Incluso si la infección no se cura sola, esperar un par de días más tiene la ventaja de dar tiempo a que actúen las defensas naturales del cuerpo. Lamentablemente, y a pesar de que esto se ha comprobado en estudios científicos, los médicos aún suelen optar por los antibióticos en el caso de las infecciones de oído, probablemente por miedo a los pleitos, por la costumbre arraigada de recetar galones de medicinas rosadas y por su aversión a sentirse inútiles.

Perforación del tímpano debido a una infección
En algunas ocasiones la presión en el oído medio perfora el tímpano repentinamente, parecido a cuando se explota un barrito en la piel, y durante unos días sale un líquido sanguinolento del canal auditivo. Parece mucho peor de lo que es: la perforación del tímpano alivia la presión y el dolor casi de inmediato y el drenaje de líquido propicia una curación más rápida. A lo mejor le sorprende si le digo que antes de que existieran los antibióticos, los médicos trataban la infección de oído haciendo una incisión en el tímpano. Después de una perforación, el tímpano se sana en unas semanas y la infección se cura por completo. Jimmy no debe darse un baño ni nadar hasta que no cese el drenaje de líquido, ya que puede entrarle agua al oído medio y causar complicaciones graves. Ojo: si el drenaje de líquido dura más de tres o cuatro días, pudiera ser necesario tomar antibiótico.

Infecciones de oído frecuentes
Una de las cosas más frustrantes para los padres (¡y para los niños!) son las infecciones frecuentes de oído, que empiezan a los primeros meses de vida y continúan a lo largo de la niñez. En esos casos, generalmente la causa es anatómica y no debilidad del sistema inmunológico, o sea, el canal auditivo del oído que suele infectarse tiene una forma que propicia que los microbios suban fácilmente por la trompa de Eustaquio hasta el oído medio. Las causas pueden ser también las adenoides agrandadas u otros factores que hacen al niño propenso a las infecciones [Ver: Adenoides]. Las adenoides son glándulas ubicadas detrás de la nariz, cuya función es eliminar los microbios de la garganta, pero a veces se infectan.

Las infecciones frecuentes de oído son más comunes en los niños pequeños, empiezan a los pocos meses de edad y suelen hacerse menos frecuentes a eso de los seis años. Mi postura es tratar las infecciones más fuertes, o sea, donde haya más dolor y fiebre, y dejar que tomen su curso las infecciones más leves, para que las combatan las defensas naturales del niño. Por el contrario de lo que pudiera pensarse, no tratar las infecciones frecuentes de oído no aumenta las probabilidades de que ocurran de nuevo. A los niños propensos a ellas, y a la acumulación de líquido en el oído, les va a suceder lo mismo si se tratan que si no. Al menos los niños que no los medican tienen la ventaja de no desarrollar resistencia a los antibióticos. Las infecciones frecuentes de oído pueden provocar la acumulación de líquido en el oído medio y dificultar la audición, la cual es fundamental para el desarrollo del lenguaje. Si Jimmy es propenso a las infecciones de oído frecuentes, no hay dieta, medicina ni tratamiento alternativo que disminuya su frecuencia hasta que no crezca y supere esa fase. Las infecciones más frecuentes de lo normal, con acumulación de líquido, se pueden evitar con la introducción quirúrgica de un tubo auditivo [Ver: Tubos auditivos].

Líquido constante en el oído
Después de una infección de oído, el líquido que se acumula detrás del tímpano por lo general se drena lentamente en la trompa de Eustaquio. Si por alguna razón esta se bloquea, el líquido se queda en el oído medio, afectando la audición y eso, a su vez, pudiera interferir en la adquisición del lenguaje. Esta serie de lamentables sucesos a veces ocurre sin que nadie se percate de ello, ya que las infecciones de oído y sus secuelas a menudo pasan inadvertidas. Si al examinar a su hijo el médico detecta que tiene acumulación de líquido en el oído, el primer paso debe ser evaluar su audición [Ver: Pruebas de audición]. Si la afección es menor, no hay urgencia de hacer nada al respecto y lo mejor es volver a evaluar su progreso en un par de meses. El líquido generalmente drena solo. Si no es así y la audición se afecta sustancialmente, es probable que el médico recomiende un procedimiento quirúrgico sencillo que consiste en introducir tubos auditivos en el tímpano para drenar el líquido y prevenir futuras infecciones. Los tratamientos largos con antibióticos son poco o nada eficaces para secar el oído, aunque algunos médicos recurren a ellos para tratar de evitar la operación. Igualmente ineficaz es inflar un globo todos los días para destapar la trompa de Eustaquio, por divertido que le parezca a Jimmy. Los descongestionantes tampoco son eficaces y tienen más efectos secundarios que beneficios [Ver: Descongestionantes].

Refutación de las creencias sobre la infección de oído
Contrario a las creencias populares:

  • Que entre agua al oído en el baño o en la piscina no causa infección en el oído medio. La otitis del nadador es una enfermedad completamente distinta, que afecta la piel externa del canal auditivo [Ver: Otitis del nadador].
  • Se puede nadar con infección de oído si el tímpano no está perforado
  • No hay razón para cancelar un viaje en avión por una infección de oído, a no ser que el dolor sea fuerte [Ver: Viajar en avión].
  • Las alergias no causan infección de oído ni aumentan la probabilidad de que ocurran.
  • Dejar de darle al niño leche, trigo o cualquier otro alimento no disminuirá la probabilidad de tener infección de oído.
  • La infección de oído no se puede prevenir ni tratar con gotas de ningún tipo, ni siquiera de ajo. Las gotas no pasan a través del tímpano, el cual sella el oído medio, evitando el contacto con el exterior.