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Tubos auditivos

Los tubos auditivos son pequeñísimos cilindros que se introducen en el tímpano mediante un procedimiento quirúrgico, cuyo objetivo es drenar el líquido acumulado a causa de infecciones frecuentes de oído. Es un procedimiento ambulatorio sencillo y sin peligro que se hace con anestesia general. En los casos indicados, se hace junto con la operación de las adenoides [Ver: Adenoides].

Esta operación se recomienda a veces innecesariamente y durante muchos años era algo casi de rutina. En realidad, solo se deberían poner tubos auditivos cuando ha habido una pérdida considerable de la audición debido a infecciones frecuentes de oído y dicha pérdida se haya comprobado mediante una prueba de audición [Ver: Prueba de audición].

La operación es muy eficaz cuando es necesaria. La audición mejora casi el mismo día y las infecciones se hacen menos frecuentes. Si su hijo cumple con los requisitos para la inserción de tubos auditivos, le aconsejo no pensarlo dos veces. El mejor momento para hacerlo es justo antes del invierno, que es cuando son más prevalentes las infecciones de oído.

Sin embargo, los tubos auditivos tienen una limitación que usted debe conocer: por maravillosos que sean, solo alivian el problema durante un tiempo. Aproximadamente después de seis meses, se obstruyen y se caen. Puede que haya que repetir el procedimiento una o varias veces hasta que el niño supere las infecciones, a eso de los seis, siete u ocho años de edad.