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Sacarle el Aire al Bebé

Al contrario de la creencia popular, sacarle el aire al bebé no es tan importante, aunque lo reconforte. Al hacerlo, el estómago libera el aire que el niño tragó lactando o llorando. Los recién nacidos casi no eructan porque tragan despacio y duermen la mayor parte del día, lo cual impide que les entre mucho aire al estómago. Los niños que toman el biberón suelen tragar más aire porque no les es fácil sellar la boca alrededor del chupete de goma. Por regla general, si no hay aire, no hay eructo. No le frote la espalda a Lucy durante horas esperando oír el sonido de un eructo. Si se adormece después de lactar o de tomar el biberón, déjela dormir. El aire saldrá aunque no le dé golpecitos en la espalda, así sea con menos aspaviento.

El proceso aconsejado para sacarle el aire al bebé es sencillo y suave. Después de la toma de leche o fórmula, sostenga a Lucy en posición vertical contra su pecho y frótele suavemente la espalda. No necesita levantarse a hacerlo en medio de la noche si le da el pecho acostada, ya que la lactancia de noche es lenta y se ingiere poco aire.

Restarle importancia a sacarle el aire a los bebés es algo relativamente nuevo. Antes los pediatras creían —y los padres temían— que los niños podían ahogarse si no se llevaba a cabo esa operación. Hasta se pensaba que semejante “negligencia” podía causar el síndrome de muerte súbita del lactante. Gran parte de la ansiedad se debía a los hábitos alimentarios. A las generaciones anteriores de padres se les decía que debían dar una cantidad fija de leche (o mejor aún, de fórmula si era posible) a intervalos fijos; pero la cantidad recomendada se excedía de lo que idealmente deben tomar los niños de meses. A veces les provocada vómito, arriesgándose a que el bebé aspirara leche y a que los padres pensaran que se estaba ahogando. Esos temores lo único que hacían era enraizar la creencia en la necesidad de sacar el aire.

Hoy en día sabemos que a los niños debe alimentárseles cuando tengan hambre. Como ellos mismos regulan lo que ingieren, no hay que estar atentos a si eructan. Si les sale un buche mientras duermen, no se van a ahogar por eso.

También es hora de enterrar la creencia de que no sacarle el aire al bebé los hace llorar como si tuvieran cólico [Ver: Cólico]. Esa creencia se deriva de una observación errónea, aunque comprensible, cuando los padres notan que el niño deja de llorar después que eructa. Sin embargo, no suelen reparar en que se trata de una pausa y que casi siempre al poco rato empiezan a llorar otra vez. No solo eso, sino que darles golpecitos constantemente en la espalda puede molestarles y agitarlos.