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Bronquiolitis

La bronquiolitis es una enfermedad viral que les da a los niños de meses y a veces hasta de dos años. La puede causar cualquier virus respiratorio; el más común es el virus respiratorio sincitial. La bronquiolitis ocurre con mayor frecuencia en invierno y la transmiten los padres y hermanos mayores, en quienes se manifiesta como un gripe. Al principio parece un catarro malo, con mucha mucosidad, y cuando da con más fuerza, la respiración es dificultosa, parecida al asma en los niños más grandes.

La bronquiolitis leve produce secreción nasal abundante y tos, pero la respiración es normal. En su grado intermedio o moderado, la respiración es un poco agitada pero no dificultosa, el color de la piel no cambia y disminuye el apetito, pero el niño aún come. Cuando da con más fuerza, se contraen los músculos del cuello y la barriga, la respiración es dificultosa, el niño se pone pálido y pierde más el apetito.

La mayoría de los casos de bronquiolitis son leves o moderados y la enfermedad demora cinco días para tomar su curso natural. A eso del tercer día se muestran nuevos síntomas y en el plazo de una semana mejoran rápidamente el apetito y la respiración; sin embargo, esté preparada para lidiar con la secreción nasal durante varias semanas.

Los casos más graves requieren hospitalización y son raros en bebés saludables. Es más probable que le ocurra a niños prematuros y a los que tienen trastornos cardíacos o pulmonares subyacentes. El objetivo del tratamiento en el hospital es ayudarlos a respirar mientras el virus toma su curso.

Lamentablemente, no se puede hacer mucho en la casa para aliviar el malestar de la bronquiolitis. Los antibióticos no son eficaces y las medicinas del asma, tales como los nebulizadores con albuterol, rara vez surten efecto. Lo mismo puede decirse de los esteroides orales. Los jarabes para la tos y los descongestionantes no se recomiendan a esta edad, mientras que las gotas salinas nasales no ayudan para nada. Ni siquiera los humidificadores hacen mucha diferencia. Lo mejor que puede hacer es seguir dándole la leche a Lucy en pequeñas cantidades con una mayor frecuencia, manténgale la cabeza más alta para facilitarle la respiración y esté atenta a cualquier síntoma de empeoramiento de la enfermedad, por ejemplo, que no coma o que tenga la respiración dificultosa. Si se empeora, llame al médico. Puede que haga falta ingresarla en el hospital.

En cuanto a la prevención, existe una medicina parecida a una vacuna, pero es cara y hay que inyectarla todos los inviernos. Por eso se le manda solo a los recién nacidos con alto riesgo de contraer enfermedades graves.