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Chupete

En vez de aburrirla con una larga explicación de las teorías sicológicas sobre por qué a los niños pequeños les gustan los chupetes, me voy a limitar a hacer algunas observaciones prácticas. Para empezar, algunos bebés escupen el chupete constantemente; si el suyo lo hace, no pierda tiempo leyendo esta sección, vaya a la sección CHUPARSE EL DEDO si se aplica a su hijo. El chupete es una forma de reconfortarse que tienen algunos bebés y es bienvenida pero opcional.

El chupete y . . .


La lactancia

Primero que nada, aclaremos una creencia persistente. Por el contrario de lo que mucha gente piensa, el chupete no interfiere en la lactancia, pues los bebés son bastante listos y se dan cuenta de que no sale nada del chupete: ni leche ni fórmula. Sin embargo, cuando necesitan aliviarse un malestar en la boca, el chupete es mucho más práctico que el dedo de mamá (mamá se cansa) y que el pecho (que la cansa también y puede conllevar a la sobrealimentación del niño).

Adicción
No tenga miedo de convertir a Lucy en una adicta al chupete. Pasaba antes porque se trataba de imponer un horario fijo de lactancia y eso privaba a los niños de chupar; pero actualmente no constituye un gran problema. No obstante, determinados tipos de chupete pueden contribuir a crear dependencia. Siempre recomiendo el tipo redondo que se usaba antes porque cuesta más trabajo mantenerlo en la boca y se cae enseguida que el niño se queda dormido, disminuyendo la dependencia. El chupete “ortodóncico” mejorado está moldeado tan perfectamente para la boca del niño que se convierte en una parte integral de su anatomía. De todas formas, a los tres o cuatro meses disminuye la necesidad de chupar y Lucy puede satisfacer ese deseo con sus propias manos o con el dedo gordo. En esa etapa se le debe empezar a dar menos el chupete y Lucy irá perdiendo el interés poco a poco, sin necesidad de ningún proceso para quitarle el hábito.

Lenguaje
Si después de varios meses de nacida Lucy todavía tiene el chupete en la boca una gran parte del día, puede interferir con la vocalización, los sonidos y el habla. Si ocurre dicha interferencia entre uno y dos años, se puede retrasar la adquisición del lenguaje. Las malformaciones de la mandíbula y la dentadura son menos probables, ya que los chupetes son demasiado suaves para modificar la anatomía bucal del niño.

Cómo quitar el hábito
Si por alguna razón le ha dejado el chupete a Jimmy demasiado tiempo, probablemente se preguntará cómo le va quitar ese pedazo de goma al cual parece haberse enviciado. Es sencillo: cuando decida que llegó el momento de decirle adiós al chupete, tírelo a la basura. Si lo pide, hágase la boba, como si no supiera de qué habla. El primer día protestará y al tercero se habrá olvidado. Si usted cede y se lo vuelve a dar, tendrá un problema mayor aún en sus manos, ya que él sabrá qué hacer para recuperarlo: lloriquear.