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Lavarse la Boca

En muchos libros sobre la infancia se aconseja lavarle la boca al niño a partir de los seis meses. Aconsejan que si al año no le han salidos los dientes, debe cepillársele la lengua, las encías… en fin, todo lo que se pueda. ¿Qué sentido tiene cepillar dientes que no han salido? Los niños de meses se alimentan cada dos horas aproximadamente, por ende, es casi imposible tenerles siempre la boca limpia. Además, cualquier persona que haya tratado de lavarle la boca a un niño tan pequeño es testigo de que no hay forma fácil de hacerlo. Igual de incómodo es tratar de hacerlo con gasa o con esos graciosos cepillos-títeres de ponerse en el dedo. Si por casualidad Lucy deja que le metan la mano en la boca, la probabilidad de limpiársela bien es casi nula. Si insiste demasiado, corre el riesgo de crearle una aversión permanente a lavarse la boca. Cuando el niño es pequeño, limitar la cantidad de alimentos es mucho más eficaz para prevenir las caries.

No se moleste en tratar de lavarle la boca a un niño hasta los doce o quince meses, cuando tiene suficientes dientes y le gusta imitar a los padres. Ese es el momento de comprarle un cepillo de dientes simpático y hacerle creer que se cepilla los dientes a la par que usted. Cuando sea más grande, le gustará ese ritual y lo hará cada vez mejor. Entonces usted podrá enseñarle la manera correcta de cepillarse y limpiarse con el hilo dental.

Compre pasta de dientes infantil para sus hijos. La de adulto tiene demasiado fluoruro, que puede resultar tóxico para los niños si se ingiere en grandes cantidades y es sabido que ellos prefieren comérsela que escupirla.